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viernes, 18 de enero de 2013

REGRESO AL PASADO

Hace poco he encontrado un grupo en linkedin dedicado al sector educativo y al que os invito a participar. Se llama Innovation shadowing. Tiene una filosofía muy orientada a eficiencia en relación con nuevas tecnologías. A través de este grupo los participantes intentamos dar pistas, pautas, de hacia dónde debería moverse el sector educativo.

Hace poco ponía el siguiente ejemplo, comparándolo con el sanitario. Si cerrásemos los ojos e imaginásemos una sala de operaciones de 1900, si estabas pocho y tenían que intervenirte, mejor rezar a todos los santos, donde la tecnología más puntera quizá fuesen los rayos X. Sin abrir los ojos, imaginemos ahora un aula en el mismo año: niños apiñados en pequeñas aulas con pupitres de madera, mirando hacia el profesor y con una pizarra donde éste va apuntando algunos datos.
Hacemos un pequeño salto en el tiempo, digamos de 100 años. La sala de operaciones se ha convertido en un auténtico quirófano con la tecnología más puntera del sector, con máquinas que permiten hacer PET, gammagrafías y pequeños robots articulados capaces de eliminar tumores de milímetros mediante brazos robóticos. Ahora, nos trasladamos con la imaginación a un aula en el año 2000: niños y niñas oyendo la magistral clase del profesor y éste copiando apuntando datos en una pizarra. Quizá lo más reseñable es que algún colegio a principios de este siglo haya decidido poner un PC en el aula. Pero la inercia casi obliga a que los docentes efectúen su labor casi de la misma manera.
Aula en torno a 1910. Niños atendiendo, profesor explicando, pizarra...

Pocas diferencias respecto al aula de 1910. Sólo que la foto es en color.
El problema al que se enfrentan ahora los profesores y los responsables en general del sector educativo es que no saben casi ni por dónde empezar. Tienen un amplio abanico de tecnologías pero no saben cuál implementar. De modo que el error más frecuente es implementar todas a la vez, y que sea lo que Dios quiera: muchas jamás se usarán y otras tantas no se sabrán para qué sirven, de modo que quedarán relegadas en el baúl de los recuerdos.
Ahora se está dando mucho bombo al tema de la mochila digital. Todos hablan de ella y poco saben de qué va el tema. En mi opinión, si queremos que sea un éxito dicha implantación habrá primero que formar al profesorado adecuadamente, no con un curso de 3 meses; que los alumnos utilicen las tecnologías como herramienta de estudio, no como soporte de documentación (para eso ya están los libros). De lo que se trata es de que aprovechen y saquen todo el jugo a las aplicaciones que hay disponibles, a las herramientas de TI, redes de vídeo conferencia, etc., que las usen durante toda la jornada escolar, no ir de "paseo al aula de informática" dos horas a la semana.  ¿De qué me sirve que mis hijos interactúen en casa con su propia tablet y con mi smartphone si cuando llegan al aula es como volver a la edad de piedra?

Por eso el sector educativo precisa de herramientas de gestión que ayuden, que guíen, en esta travesía del desierto para que los colegios logren -además de enseñar- ofrecer un verdadero valor añadido, diferencial.

lunes, 23 de enero de 2012

LA POTENCIA SIN CONTROL NO SIRVE DE NADA


Rezaba el eslogan de una conocida firma de neumáticos. Algo muy similar ocurre en el sector de la educación en España en la actualidad. Desde las direcciones de los colegios privados y concertados, todos centran sus esfuerzos en abrir bien los oídos y querer "estar a la última". Los pilares sobre los que una familia escogía uno u otro centro, hasta hace poco, eran las instalaciones, el bilingüismo y el uso de las tecnologías.
Con el primer apartado, el que tiene unas instalaciones expectaculares, intenta lucirlas a todo trapo; el que, por contra, carece de ellas, "vende" ese déficit como "colegio familiar" (lo cual es muy lícito). En el apartado del bilingüismo, TODOS son bilingües. Desde los colegios públicos hasta los privados y -como no- los concertados. Los centros empiezan a impartir determinadas asignaturas en las lenguas de Shakespeare (o la que proceda en función de su bilingüismo) y, con eso, con dar un reducido número de clases ya podemos decir que el colegio es bilingüe.
Y el último apartado, el tecnológico, no sé si es el que trae más de cabeza a los directores pero, por lo general, es donde están muy muy perdidos. Así, como todos saben que es necesario adquirir tecnología, los "ricos" se lían la manta a la cabeza a adquirir toda clase de dispositivos tecnológicos. Los menos miran mucho la pela el euro y compran en función de cuan boyante esté la caja. Pero, al final, ni unos ni otros compran con cabeza. Pocos son los que se sientan y meditan qué es lo que les hace falta. ¿En realidad es necesario que mi colegio con 800 alumnos tenga PC, o portátiles, en cada aula? ¿De qué me sirve comprar 3 pizarras digitales, si sólo lo va a usar el 20% del alumnado o se utilizará  - casi en exclusiva- para escribir.  ¿Realmente los alumnos que usen la tecnología estarán mejor preparados?
En mi modesto parecer, la adquisición de tecnología debe ser un hecho meditado y orientado a la obtención de una mayor eficiencia tanto del alumnado como del profesorado y personal no docente. Si miráis a vuestro alrededor, la práctica totalidad de los colegios asocian comprar tecnología con comprar hardware. Y al final, un portátil, una tableta o una pizarra digital no es más que un soporte que, por sí, hace más bien poco. Al portátil se le tiene que dotar de programas, de plataformas de gestión del conocimiento que permitan -efectivamente- una mayor eficiencia de todos los usuarios: de los alumnos, de los profesores, del centro y, por supuesto, de los padres. En Think&Go! hemos desarrollado una plataforma denominada study2gether, y por la cual Microsoft nos ha dado el galardón de caso de éxito a nivel mundial al certificar que, en la actualidad es la más potente del mercado. Como "especialistas" en tecnología, creemos (algún fabricante piensa como nosotros) que un portátil al final no es más que un hierro, y que si no le dotamos de contenido, de poco sirve. Que un colegio ofrezca un iPad a cada profesor, que haya un PC en cada esquina del colegio, con pizarras interactivas en cada aula no va a conseguir que los alumnos estén mejor preparados. Pero si a todos esos "hierros" les metemos una gran cantidad de conocimiento, con aplicaciones que permitan gestionar todo el know how que reside en cada colegio, qué duda cabe que los centros escolares ofrecerán un ingente valor añadido, logrando una mayor eficiencia en los procesos educativos. Los estudiantes podrán ver con vídeos interactivos en 3D cómo es la famosa mitosis y meiosis (nada de información tipo fichas de colores, modelo años 1980); podrán familiarizarse con entornos colaborativos permitiendo que, cuando lleguen al mercado laboral, cuenten con una buena base en lo que a procesos de trabajo se refiere; y que será lo que demanden las grandes compañías.

Si queremos formar líderes del siglo XXI, ofrezcamos soluciones tecnológicas del siglo XXI, dejemos atrás métodos decimonónicos. Los alumnos son nativos digitales y ellos mismos rechazarán trabajar en el colegio con pautas que son - en definitiva- anacrónicas.

viernes, 20 de enero de 2012

¿(Ab)Usas de la tecnología?


Hace poco más de un año me reuní con un directivo de RTVE. Contactamos a través de linkedin.com  y me explicó que le gustaría que contara mi experiencia con el cáncer para que, a través de sus conferencias, los asistentens pudieran sacar algo en limpio. Por supuesto que la experiencia es un grado, en cualquier faceta en la vida. Pero cuando las experiencias provienen de gente joven que antes de llegar a los 30 años supera retos increíbles, la cosa cambia; y mucho.
 
El directivo en cuestión quería unir, hilar, cómo la tecnología podía ser sumamente provechosa tanto para el empleado como para la empresa pero, el pero de siempre, sin pasarse en el uso de la tecnología. Es decir, de forma muy simplista, explicar cómo la aparición de nuevos dispositivos y servicios tecnológicos pueden aportar un extra de confort a las personas. Las tecnologías (bien usadas) nos pueden aportar un gran beneficio -valor- añadido al poder trabajar desde cualquier lugar y a cualquier hora. Pero claro, si el uso se convierte en abuso, el discurso cambia radicalmente. Así, se ha pasado de trabajadores (desde empleados hasta altos empresarios) que han utilizado, por poner un caso, la BlackBerry para ver los últimos correos del trabajo a estar permanentemente conectados al cacharrito en cuestión. Quien dice BlackBerry dice iPhone, portátil, tableta, etc. El caso es que no podemos ser tan dependientes de la tecnología. Recientemente Volkswagen ha anunciado que limitará el servicio de los teléfonos de empresa a un gran grupo de trajadores una vez terminado su horario laboral; para que puedan desconectar y se puedan centrar en su esfera privada.

Aunque claro, igual hay gente que prefiere no volver a su esfera privada y seguir en su despacho, en su oficina. El directivo de RTVE me ofreció un dato para el análisis ciertamente aterrador: un elevado porcentaje de empresarios que han sido recientemente padres, con hijos por debajo de 5 años, estiran hasta el límite su estancia en la oficina (fines de semana) e incluso se inventan reuniones o -simplemente- "cariño, no me esperes a cenar que estoy cerrando un presupuesto" sólo con tal de no llegar a casa, cansado, y tener que adentrarse en la otra rutina que, por lo general, ellos mismos, han escogido: su familia, sus hijos, bañarles, cambiar pañales, aguantar lloros y -también- cientos de experiencias sumamente gratificantes. Claro, cuando me dijo esto, no es que no me lo creyera, porque particularmente conozco en mi entorno cercano personas que funcionan así. Pero pienso, qué pena tienen que pasar esos hijos al no poder disfrutar de sus padres; y qué pena esos padres que optan por llegar a casa con todo el "pastel", un delicioso pastel por cierto, en silencio, con los niños cenados y acostados, sin que me molesten mientras tomo algo rápido y me siento en el sofá y continúo... haciendo que trabajo.