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sábado, 28 de enero de 2012
viernes, 27 de enero de 2012
La SOPA Boba
El castellano que es uno de los idiomas más ricos, ofrece en su refranero popular auténticas perlas para describir momentos, situaciones... Una de ellas es "vivir de la sopa boba". El refrán hace alusión al conjunto de guisos mezclados que restaban de los alimentos de los comensales que se ofrecían en las posadas, bares o conventos. En definitiva, no eran más que los restos de los menús y que,a diraio, se les daba a los conocidos como sopistas a cambio de alguna pieza musical o verso. Hoy día, el hecho de "vivir de la sopa boba" hace una clara alusión a aquellos que por desgracia en lugar de obtener unos rendimientos derivados de su trabajo, consiguen vivir sin trabajar.
Y en Estados Unidos, que ahora se están dando cuenta que esto de compartir ficheros con ánimo de lucro está perjudicando seriamente la industria musical y cinematográfica, están queriendo poner puertas al campo. Una especie de ley Sinde, a la americana; y no han tenido mejor definición que denominarla SOPA (toma ya)
SOPA es el acrónimo de Stop Online Piracy Act -acta de cese a la piratería online - y, la verdad, es que en el caso español viene que ni pintado. Si la ministra Sinde, en lugar de aprovecharse de su apellido hubiera optado por el acrónimo yankee, igual hasta hubiera tenido acepción. ¡Se acabó vivir de la sopa boba! ¿Pero dónde se ha visto que un profesional tenga que cobrar de manera indefinida en el tiempo por una obra? Me gusta tu canción y yo tengo ahora mis derechos sobre ella para poder hacer con ella lo que me dé la gana, a excepción -claro está- de sacar tajada revendiéndola. Además, sobre todo los músicos, saben de sobra que sus ingresos no provienen de la venta de música (sobre todo en formato CD), sino de sus conciertos y todo el merchandaising que gira en torno a.
Del mismo modo que hace ya unas décadas vieron que el formato del vinilo iba cediendo terreno a nuevos soportes digitales -primero el CD (otros como el Super Audio CD fue un fracasillo)- ahora el formato tiene que ser el mp3 (y lo que pueda venir en un futuro). La tienda iTunes de Apple es un claro ejemplo de hacia dónde se mueve la industria musical y cinematográfica. Cada usuario se puede descargar canciones aisladas y las puede reproducir en un determinado número (a veces amplio, a veces escaso) de reproductores. Spotify ha marcado otro nuevo hito en la manera de escuchar música. Ya no importa tanto ese afán recopilatorio de miles de pistas musicales (que muchas veces jamás escuchamos), sino de poder escuchar lo que quieras donde quieras.
Dejen al usuario escoger libremente y, si ofrecen música de calidad, llenaremos sus conciertos. Los grandes artistas como Bruce Springsteen o U2, por poner dos ejemplos, lanzan sus entradas y en pocas horas se agotan miles de entradas. ACDC hace 3 años tuvo que repetir concierto en España después de la tremenda acogida. Y dudo mucho que todos los que llenaron los dos recintos tengan, ni toda su discográfía, y que hayan adquirido los correspondientes CD, digamos, de manera legal.
Mientras tanto, otros músicos (por llamarlos de algún modo) prefieren seguir en el erre que erre de determinadas Asociaciones de Gestión de Derechos e intenten querer vivir de la sopa boba.
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lunes, 23 de enero de 2012
Complicaciones, las justas: La potencia sin control no sirve de nada
Complicaciones, las justas: La potencia sin control no sirve de nada: Rezaba el eslogan de una conocida firma de neumáticos . Algo muy similar ocurre en el sector de la educación en España en la actualidad...
LA POTENCIA SIN CONTROL NO SIRVE DE NADA
Rezaba el eslogan de una conocida firma de neumáticos. Algo muy similar ocurre en el sector de la educación en España en la actualidad. Desde las direcciones de los colegios privados y concertados, todos centran sus esfuerzos en abrir bien los oídos y querer "estar a la última". Los pilares sobre los que una familia escogía uno u otro centro, hasta hace poco, eran las instalaciones, el bilingüismo y el uso de las tecnologías.
Con el primer apartado, el que tiene unas instalaciones expectaculares, intenta lucirlas a todo trapo; el que, por contra, carece de ellas, "vende" ese déficit como "colegio familiar" (lo cual es muy lícito). En el apartado del bilingüismo, TODOS son bilingües. Desde los colegios públicos hasta los privados y -como no- los concertados. Los centros empiezan a impartir determinadas asignaturas en las lenguas de Shakespeare (o la que proceda en función de su bilingüismo) y, con eso, con dar un reducido número de clases ya podemos decir que el colegio es bilingüe.
Y el último apartado, el tecnológico, no sé si es el que trae más de cabeza a los directores pero, por lo general, es donde están muy muy perdidos. Así, como todos saben que es necesario adquirir tecnología, los "ricos" se lían la manta a la cabeza a adquirir toda clase de dispositivos tecnológicos. Los menos miran mucho la pela el euro y compran en función de cuan boyante esté la caja. Pero, al final, ni unos ni otros compran con cabeza. Pocos son los que se sientan y meditan qué es lo que les hace falta. ¿En realidad es necesario que mi colegio con 800 alumnos tenga PC, o portátiles, en cada aula? ¿De qué me sirve comprar 3 pizarras digitales, si sólo lo va a usar el 20% del alumnado o se utilizará - casi en exclusiva- para escribir. ¿Realmente los alumnos que usen la tecnología estarán mejor preparados?
En mi modesto parecer, la adquisición de tecnología debe ser un hecho meditado y orientado a la obtención de una mayor eficiencia tanto del alumnado como del profesorado y personal no docente. Si miráis a vuestro alrededor, la práctica totalidad de los colegios asocian comprar tecnología con comprar hardware. Y al final, un portátil, una tableta o una pizarra digital no es más que un soporte que, por sí, hace más bien poco. Al portátil se le tiene que dotar de programas, de plataformas de gestión del conocimiento que permitan -efectivamente- una mayor eficiencia de todos los usuarios: de los alumnos, de los profesores, del centro y, por supuesto, de los padres. En Think&Go! hemos desarrollado una plataforma denominada study2gether, y por la cual Microsoft nos ha dado el galardón de caso de éxito a nivel mundial al certificar que, en la actualidad es la más potente del mercado. Como "especialistas" en tecnología, creemos (algún fabricante piensa como nosotros) que un portátil al final no es más que un hierro, y que si no le dotamos de contenido, de poco sirve. Que un colegio ofrezca un iPad a cada profesor, que haya un PC en cada esquina del colegio, con pizarras interactivas en cada aula no va a conseguir que los alumnos estén mejor preparados. Pero si a todos esos "hierros" les metemos una gran cantidad de conocimiento, con aplicaciones que permitan gestionar todo el know how que reside en cada colegio, qué duda cabe que los centros escolares ofrecerán un ingente valor añadido, logrando una mayor eficiencia en los procesos educativos. Los estudiantes podrán ver con vídeos interactivos en 3D cómo es la famosa mitosis y meiosis (nada de información tipo fichas de colores, modelo años 1980); podrán familiarizarse con entornos colaborativos permitiendo que, cuando lleguen al mercado laboral, cuenten con una buena base en lo que a procesos de trabajo se refiere; y que será lo que demanden las grandes compañías.
Si queremos formar líderes del siglo XXI, ofrezcamos soluciones tecnológicas del siglo XXI, dejemos atrás métodos decimonónicos. Los alumnos son nativos digitales y ellos mismos rechazarán trabajar en el colegio con pautas que son - en definitiva- anacrónicas.
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viernes, 20 de enero de 2012
¿(Ab)Usas de la tecnología?
Hace poco más de un año me reuní con un directivo de RTVE. Contactamos a través de linkedin.com y me explicó que le gustaría que contara mi experiencia con el cáncer para que, a través de sus conferencias, los asistentens pudieran sacar algo en limpio. Por supuesto que la experiencia es un grado, en cualquier faceta en la vida. Pero cuando las experiencias provienen de gente joven que antes de llegar a los 30 años supera retos increíbles, la cosa cambia; y mucho.
El directivo en cuestión quería unir, hilar, cómo la tecnología podía ser sumamente provechosa tanto para el empleado como para la empresa pero, el pero de siempre, sin pasarse en el uso de la tecnología. Es decir, de forma muy simplista, explicar cómo la aparición de nuevos dispositivos y servicios tecnológicos pueden aportar un extra de confort a las personas. Las tecnologías (bien usadas) nos pueden aportar un gran beneficio -valor- añadido al poder trabajar desde cualquier lugar y a cualquier hora. Pero claro, si el uso se convierte en abuso, el discurso cambia radicalmente. Así, se ha pasado de trabajadores (desde empleados hasta altos empresarios) que han utilizado, por poner un caso, la BlackBerry para ver los últimos correos del trabajo a estar permanentemente conectados al cacharrito en cuestión. Quien dice BlackBerry dice iPhone, portátil, tableta, etc. El caso es que no podemos ser tan dependientes de la tecnología. Recientemente Volkswagen ha anunciado que limitará el servicio de los teléfonos de empresa a un gran grupo de trajadores una vez terminado su horario laboral; para que puedan desconectar y se puedan centrar en su esfera privada.
Aunque claro, igual hay gente que prefiere no volver a su esfera privada y seguir en su despacho, en su oficina. El directivo de RTVE me ofreció un dato para el análisis ciertamente aterrador: un elevado porcentaje de empresarios que han sido recientemente padres, con hijos por debajo de 5 años, estiran hasta el límite su estancia en la oficina (fines de semana) e incluso se inventan reuniones o -simplemente- "cariño, no me esperes a cenar que estoy cerrando un presupuesto" sólo con tal de no llegar a casa, cansado, y tener que adentrarse en la otra rutina que, por lo general, ellos mismos, han escogido: su familia, sus hijos, bañarles, cambiar pañales, aguantar lloros y -también- cientos de experiencias sumamente gratificantes. Claro, cuando me dijo esto, no es que no me lo creyera, porque particularmente conozco en mi entorno cercano personas que funcionan así. Pero pienso, qué pena tienen que pasar esos hijos al no poder disfrutar de sus padres; y qué pena esos padres que optan por llegar a casa con todo el "pastel", un delicioso pastel por cierto, en silencio, con los niños cenados y acostados, sin que me molesten mientras tomo algo rápido y me siento en el sofá y continúo... haciendo que trabajo.
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martes, 17 de enero de 2012
Complicaciones, las justas: Fracaso escolar, pérdidas millonarias
Complicaciones, las justas: Fracaso escolar, pérdidas millonarias: A mediados de octubre la empresa en la que trabajo ( Think&Go! ) organizó una jornada junto con la APD . Para los que no la conozcan, es...
FRACASO ESCOLAR, PÉRDIDAS MILLONARIAS
A mediados de octubre la empresa en la que trabajo
(Think&Go!) organizó una jornada junto con la APD. Para los
que no la conozcan, es la Asociación para el Progreso de la Dirección y es una
Organización –digamos- precursora de la actual CEOE. El evento se titulaba del
Aula a la Empresa y se hizo un repaso general sobre la situación en la educación
preuniversitaria, la universidad, la visión de los directores de RRHH de las
empresas, etc.
Una de las ponencias me llamó mucho la atención.
Concretamente porque ponía sobre la mesa un estudio de mercado que, por vez
primera, había cifrado cuál era el coste del fracaso escolar de un alumno.
Aunque el dato, si mal no recuerdo, provenía de Finlandia, la cifra en sí te
dejaba helado sólo con escucharla: 1 millón de euros. Según este informe, que
un alumno en su etapa estudiantil, no universitaria, fracasase (y abandonase,
por ende) en sus estudios podría llegar a tener un coste para el estado en
torno al millón de euros. El dato es estremecedor. Cuando lo oyes por primera
vez, uno piensa: “pero cómo va a ser posible que un mal estudiante pueda
acarrear tanto gasto a una nación”. Pero claro, cuando te empiezan a hacer el
desglose, no sólo la cifra cuadra, sino que hasta se queda pequeña. En ese
millón de euros se contabilizan, y entre otros, los gastos que dicha persona
acarreará durante toda su vida a la seguridad social. Lógicamente, alguna vez
se pondrá enfermo, necesitará medicinas y, a lo peor, alguna hospitalización. El
estudio computó también aquellos costes derivados de otras prestaciones
sociales y por los que el estado tendrá que sufragarlos; al ser una persona que
–probablemente- esté más tiempo en el paro que en activo cobrará unos subsidios
de desempleo y, lo peor, apenas aportará vía impositiva a las arcas. De modo y
manera que cuando un estudiante oye eso de “no vas a ser nada en la vida”, hay
que tomarlo con cautela, porque algo sí que será (seguro): un increíble gasto
para cualquier estado.
Por eso no sólo es necesario acometer una reforma integral
del sistema educativo, sino que se debería afrontar una auténtica revolución.
Pero, por favor, señores gobernantes: no vuelvan a cambiar los planes de
estudios. Porque con cada nuevo gobierno, el entrante modifica prácticamente el
sendero marcado por el gobierno saliente. Y así, el único perjudicado es el
alumno, que ve cómo tiene que amoldarse a nuevas exigencias del guión.
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