Muy resumido: que cada profesor tiene la potestad para enseñar como quiera. Siempre ajustándose a que esa libertad no interfiera en otras libertades, se sobreentiende.
La libertad de cátedra se recoge en el artículo 20.1c de nuestra Constitución Española (la del 78, no la Pepa, que este año con su 200 cumpleaños está muy de moda) y supe por vez primera de este derecho cuando cursaba Económicas en la Universidad Autónoma de Madrid y tuve el placer (de verdad) de tener como profesor a D. Emilio Murcia, quien fuera después el abogado de la AVT (Asociación Víctimas del Terrorismo).
De eso hace ahora 20 años. La semana pasada, una compañera del trabajo que está estudiando el Grado en Ingeniería Informática en la Universidad Rey Juan Carlos nos hacía unas preguntas realmente sorprendentes. Las asignaturas, y con el Plan Bolonia, además del examen, tienen cierto peso específico unos trabajos (lógico) y el responder a una serie de preguntas en un foro dispuesto a tal efecto; foro que es público respecto a los alumnos matriculados. El asunto podría pasar desapercibido si no fuera porque las preguntas ponen de manifiesto -y en absoluto público- la postura ideológica de cada cual (a poco que uno se moje). Las preguntas, más o menos, eran: "Resume los aspectos más positivos de los 13 años del PSOE en el Gobierno"; o "Cuál fue la mejor legislatura del PSOE". Según nos comentaba la compañera, hace un par de meses tocó el tema "Franco" y las preguntas, lejos de cortarse un pelo no dejaban nada para la imaginación. Vamos, que el profesor de turno con un par de ejercicios podía encasillar perfectamente a su cuadrilla: Benitez Gómez, Alejandro, rojo; Blanco Díaz, Carolina, fachilla; Carretero de la Serna, Pablo, primo hermano de Lenin...
A todo esto, estamos en una asignatura denominada Historia, Cultura y Sociedad en la Carrera de Grado en Ingeniería Informática. Si esta asignatura se imparte con la misma metodología en la Facultad de Periodismo, fijo que tienen que entrar de nuevo los antidisturbios a poner orden.
De modo que, efectivamente, el profesor tiene la libertad de cátedra de poder evaluar a sus alumnos como venga en gana. Pero de ahí, a entrar tan de lleno... No me quiero imaginar a este profesor como presidente en una mesa electoral: "Fernández Barbadillo, Juan Antonio; vota...y ha votado a IU, que es alumno mío".